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Historias de la “e-muerte” (ii). El extraño caso de la señora que vació sus cuentas después de morir: disposición de cuentas corrientes tras el fallecimiento de sus titulares

La operativa de las cuentas tras el fallecimiento de su titular, en el contexto de las nuevas tecnologías, facilitan mucho el movimiento de los fondos de unas cuentas a otras sin controles tan elementales como la propia constatación física de que el que ordena las trasferencias de unas cuentas a otras es su titular, y que sigue vivo

En el pasado episodio de esta trilogía analizamos uno de los más innovadores aspectos en los que la muerte y la tecnología se juntan. En esta entrega, en cambio, analizaremos uno de los aspectos más clásicos.

Así, a diferencia de lo que ocurre con las redes sociales, que son verdaderas hijas de Internet, las cuentas corrientes existían mucho antes, no ya de la omnipresente red de redes, sino también de la existencia de los ordenadores.

En efecto, los aspectos que vamos a tratar aquí eran ya problemáticos mucho tiempo antes de que Internet existiera. Sin embargo, la posibilidad de operar con las cuentas a través de accesos telemáticos añade una nueva dimensión al problema: con bastante frecuencia tiende a identificarse la posesión de los nombres de usuario y las claves de acceso a un sistema telemático como una suerte de título de propiedad sobre los activos depositados, cuando dista mucho de ser el caso. Conviene pues recordar ciertos aspectos básicos relacionados con la operativa de las cuentas tras el fallecimiento de su titular, en el contexto de las nuevas tecnologías, que facilitan mucho el movimiento de los fondos de unas cuentas a otras sin controles tan elementales como la propia constatación física de que el que ordena las trasferencias de unas cuentas a otras es su titular, y que sigue vivo.

El primero de estos aspectos podría parecer una obviedad intranscendente, pero revelaremos su importancia en la tercera entrega de esta serie: los fondos están en manos de un intermediario. Hay pues una persona a la que dirigirse para reclamar los fondos, y no existe peligro de que el acceso a los mismos resulte comprometido si fallece la única persona que conoce la contraseña.

La relación jurídica que une al intermediario (entidad financiera) con el titular de la cuenta corriente ha sido calificada tradicionalmente por la jurisprudencia como de comisión (mandato mercantil).  Simplificando al extremo, la entidad se aviene, a cambio de una retribución, a atender nuestras instrucciones en relación con los fondos que aparecen en nuestra cuenta.

La relación jurídica no es de depósito: los fondos “depositados” en nuestras cuentas no son, propiamente, nuestros: están en manos de un intermediario financiero que puede ser tanto objeto de reclamaciones si atiende las instrucciones de terceros no legitimados, como ejercitar acciones (incluso penales) frente a quien ordene disposiciones ilegales de los fondos de las cuentas de sus clientes.

Esta relación contractual se extingue por la muerte, y con ella las autorizaciones que haya podido dar el titular a terceros para disponer de los fondos (los conocidos como “autorizados”). Por tanto, si el titular de una cuenta fallece, y no hay ningún otro cotitular, nadie puede seguir operando la cuenta, sea heredero, familiar o tercero. Otra cosa distinta es que los fondos tampoco desaparezcan por el hecho del fallecimiento del titular, lo que obliga al banco a entregarlos a los herederos del fallecido o a otros legitimados (como puede ser un albacea).

En este contexto, los medios de acceso telemático (la web o la app del banco en cuestión) son medios para ejecutar las prestaciones del contrato: el conocimiento de las claves no da derecho a disponer al que las conoce de los fondos depositados, ni mucho menos a reclamarlos en propiedad. De hecho, es incorrecto utilizarlos hasta con el consentimiento del titular: con carácter general son personales e intransmisibles. Por tanto, no es una práctica correcta por parte del titular de una cuenta incluir sus claves de acceso en un documento redactado a modo de testamento digital, ni poner otros medios de autenticación a disposición de terceros. Si lo será, en cambio, tener un cotitular solidario de la cuenta quien podrá encargarse de disponer de la misma tras el fallecimiento del otro titular. Esta última situación es muy recomendable, toda vez que si no existe ningún otro titular, es posible que el acceso a los fondos se dilate en el tiempo; es más, de surgir disputas es posible que acaben bloqueados en el banco durante meses o incluso años.

Ahora bien, no debe confundirse la titularidad de la cuenta con la titularidad de los saldos depositados. El hecho de aparecer como cotitular en una cuenta corriente con el fallecido no autoriza al cotitular superviviente a apropiarse de los saldos de la cuenta que, si son propiedad del fallecido, serán parte del caudal relicto.

El ejemplo típico sería el de la anciana que deposita su pensión en una cuenta en la que tiene a uno de sus tres hijos como cotitular. Si la anciana fallece, nadie en su nombre podrá disponer de sus fondos aunque conozca sus claves. Hacerlo podría constituir una estafa de la que sería víctima el banco. Si por su parte, el hijo cotitular se apropia de los fondos provenientes de las pensiones de su madre y los deposita en una cuenta a su nombre, podría estar cometiendo un delito de apropiación indebida, pues los fondos deberían integrarse en el caudal relicto.

Así, debemos tener mucho cuidado con el uso que se hace de las cuentas de los fallecidos, y por extensión con los medios telemáticos de acceso a las mismas: no hay ningún misterio en que una abuela vacíe sus cuentas después de muerta, pero sí puede haber un claro incumplimiento contractual, o incluso un delito grave. Situación ésta que, viendo la cantidad de casos resueltos por los tribunales tanto en vía civil como penal, es tristemente frecuente y da mucho que pensar acerca de la bondad humana y las relaciones familiares.

En el próximo blog sobre Historias de la “e-muerte”, analizaremos el caso del “chico que cogió 137 millones de euros en criptomonedas y se largó: los criptoactivos ante la muerte de su titular”

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